Adriana Amado y el rumbo del periodismo: “Se impone la cultura gamer, la interactividad, la interacción”

Adriana Amado y el rumbo del periodismo: “Se impone la cultura gamer, la interactividad, la interacción”

Adriana Amado y el rumbo del periodismo: “Se impone la cultura gamer, la interactividad, la interacción”

“Quizá sea tiempo de dar por finalizada la idea de que los medios hacen una ciudadanía informada y mejores ciudadanos hacen una mejor democracia”, escribe Adriana Amado, especialista en temas de comunicacion, en Las metáforas del periodismo. Mutaciones y desafíos (Ampersand), su reciente libro en el que retruca muchos de los lugares comunes y en el que, quirúrgicamente, hunde su escarpelo en aquello que se sostienen sobre la profesión desde el silgo XIX.

¿Cuáles son los desafíos del periodismo?; ¿qué lugar tienen las redes sociales en los medios y cuál debería tener?; ¿cómo se cuentan las historias y con qué objetivo?; ¿cómo se consume hoy la información? Amado responde a estas y otras preguntas a través de un recorrido en el que ingresa en, como marca el título, las metáforas de un oficio: cuarto poder, servicio público, la verdad, libertad de prensa y más.

Adriana Amado es docente, investigadora y analista de medios, doctora en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, magíster en Comunicación Institucional y Licenciada en Letras en la UBA, que entre otras obras ha publicado Política pop: de líderes populista a telepresidentes; La prensa de la prensa: Periodismo y relaciones públicas en la información; Periodismos argentinos: modelos y tensiones del siglo XXI; La comunicación pública como espectáculo, y Medios, democracia y poder, entre otros. En este diálogo vía Zoom con Infobae Cultura repasa algunas de las claves de la publicación.

Tu libro plantea temas que hacen no solo al quehacer periodísticos, sino también la relación de los medios en la era de las redes sociales con el público de las mismas, a partir de un abordaje a muchas metáforas periodísticas que se dan por ciertas, lugares comunes, que según tu análisis ya no tienen tanta validez, ¿cuál fue la motivación para escribirlo?

— Busqué dar cuenta de un nuevo sentido común, porque el sentido común que tiene el periodismo es uno que viene de otra época y este nuevo sentido común no está del todo asumido. De hecho también hay en algunos grupos o en algunos especialistas como una reacción fuerte a todo este nuevo sentido común. Entonces yo sentía que muchos de los periodistas, sobre todo los de la calle, no las grandes celebridades, que están en ese momento anfibio, necesitaban por ahí que alguien pusiera los argumentos, su intuición en blanco y negro. Este fue un poco el ejercicio que tuve ganas de hacer.

-— Un ejercicio que expone mucho del funcionamiento de los medios digitales, la manera en que se articulan con las redes sociales, pero con una crítica bastante profunda con respecto a cómo las toman y el poco uso que se le da como fuente de información y comunicación.

—Mi propuesta es abandonar el adjetivo digital, porque de hecho aún los medios que se suponen analógicos ya hacen todo su procedimiento digitalmente. Hasta el diario más diario es digital más allá del soporte final. Es decir que ya lo digital es una práctica que atraviesa todo. Entonces este periodismo creo que lo que tiene de nuevo no es lo tecnológico, que ya está completamente integrado. Es más, para las nuevas generaciones es transparente. Yo creo que lo que hace ese periodismo es esta práctica, hay una performance que tiene que las redes sociales exponen, pero que no son las redes sociales en sí, porque también está esta reacción contra la plataformas, contra lo auxiliar de las redes. Y qué pasa si yo saco la red, saco lo tecnológico, la parte del dispositivo, y pienso en las personas que interactúan y qué le pasa al periodismo con estas personas: ¿interactúa?, ¿las tomas de fuentes?, ¿las sigue considerando un público lejano que idealiza en un modelo de lector? Qué nos está pasando con esos grupos que además ya te devuelven lo que ven en tiempo real.

¿Qué es el periodismo mutante?

— Lo de mutante lo tomé de (Alessandro) Baricco, que lo plantea en un libro de 2008; o sea, después el libro estaba ya en edición cuando nos agarró el coronavirus y parece que tomé la metáfora de la pandemia y en realidad es una metáfora que usaba Baricco para, justamente, dar cuenta de esa transformación. Ahora la pandemia nos llevó a todos a ser epidemiólogos y entendemos mucho más lo que es la mutación: la modificación pequeña en el código genético de un organismo que lo mantiene igual, pero diferente. Entonces uno puede entender que en el coronavirus la sepas Delta, Landa u Omicron, siguen siendo del coronavirus, pero tienen síntomas distintos, anticuerpos distintos, incluso soluciones distintas. Y el periodismo mutante es este periodismo que tiene pequeñas modificaciones en su código genético, que lo hace periodismo, sigue siendo periodismo, pero ya no es aquel organismo pensado en el siglo XIX como el profesional que tenía a cargo la producción en exclusiva de la Información pública. Eso ya no es así, porque la información es pública, la producen todos. Recién estaba viendo un tuit de López Obrador que hablaba de los periodistas en la conferencia de prensa y decía, “para qué quiero que me preguntes si lo que quiero decir lo digo cuando quiero”. Entonces la gran tensión que hubo entre los líderes y el periodismo este siglo en donde los consideran prescindibles, donde si yo tengo mis cuentas en redes sociales, mi propio aparato de publicidad no institucional, mis canales, mis medios institucionales, para qué necesito el periódico. Y ahí está uno de los grandes debates, ¿el periodismo sigue siendo necesario? Si su única función era hacer preguntas a los líderes, porque si los líderes te dicen ahora “ya no necesito que me preguntes”, entonces te quedás sin norte. Por suerte, hay otras alternativas y hay otras preguntas, pero también hay que hacerlas.

¿Y cuáles serían esas alternativa? En el libro reflexionas mucho sobre el rol de un periodista más como un articulador, en todo caso de la información. ¿Cómo se debe parar el periodismo ante este nuevo escenario?

— Hay dos mitos del siglo XX que no tienen sustento fáctico. Uno es que la información es poder y el otro que el contenido es el rey. La información no es poder porque la información está en todos los lados, ya no es excluyente, esto venía más de la Guerra Fría en donde no unos pocos tenían información. Hoy en un sistema que tiende a la transparencia que todavía obviamente también está en mutación y no es completamente transparente, pero uno ve y ya encuentra, por ejemplo, iniciativas de gobierno, en donde todos los datos son públicos, en donde todo está dicho y está publicado en tiempo real. Entonces la pregunta es si los presupuestos, si las licitaciones y todas esas cosas que el periodismo iba y develaba es público, ¿qué rol le cabe al periodismo?. Y el otro es la del contenido es el rey, porque todo el mundo está produciendo contenido y de hecho mucho del contenido que suele tener más clicks viene de redes de otras personas, sean las redes de las celebridades, los tweets presidenciales, los vídeos que filmó el Departamento de Prensa de un gobierno. Entonces la pregunta es dónde está el reinado. Pasa un poco como con la monarquía inglesa, que la reina es Isabel, pero el mundo lo que quiere saber es qué le pasa a la plebeya Megan Markle. Hay un corrimiento de la atención a personalidades que quizás no tienen todas las autoridades o la jerarquía, pero que resultan atractivas y en ese sentido creo que hay un lugar de muchísimo valor porque sobra eso, hay una catarata de información. Ahí hay un aluvión de datos, un exceso de publicaciones en redes sociales. Entonces, el periodista lejos de ser ese que producía de cero la información se convierte en un filtro, en el seleccionador, en una especie de DJ que hace cosas nuevas e interesantes que nos ponen a bailar con música que hicieron otros y no está mal, pero bueno un poco también hay un debate si el DJ es un músico o no, si tiene que ganar un Emmy o no. Y algo parecido pasa con el periodismo, ¿se es menos periodista, pues se trabaja con fuentes secundarias? Y la contra pregunta que yo suelo hacer es “¿quién empieza de cero?”, porque aún las mayores revelaciones e incluso el Watergate es una filtración de una fuente. No hubiera pasado nada con estos periodistas en ese ejercicio mítico del periodismo, si no hubiera sido una fuente que dijera “acá hay algo para publicar”. Y creo que ahí es donde también de nuevo esa mutación en donde sentimos que ya no somos los iniciadores de la información, pero todavía no valoramos o jerarquizamos esa posproducción de la infinita catarata de información que están hoy produciendo otros.

Adriana Amado y el rumbo del periodismo: “Se impone la cultura gamer, la interactividad, la interacción”

Y lo que exponés es que lo que está pasando es que no se está mirando a las redes como fuentes de información, que los medios, sobre todo en esta parte del mundo, siguen pensando con una lógica de clicks, de audiencia cuantificable basada en el viejo sistema de publicidad.

— En ese pasaje anfibio, del viejo modelo al actual modelo todavía convive en esos dos mundos. Entonces en el primer paso hacia lo digital la primera reacción, el primer recurso fue considerar la audiencia de lo digital como un número, como se consideraba el número electorado o el número de rating, puesto en los clicks. Pero hoy empieza también a ponerse otra información sobre esa primera capa que es vos podés tener muchos clicks, pero si no tenés gente que lee, si no tenés gente que pueda llegar hasta el final de la nota, si no tenés gente que la multiplica, que la comparte, y que la comparte bien porque la puedes compartir para criticarla y para destrozarla, entonces son indicadores que el click solo no sirve. Uno puede tener muchos clicks, pero si no tenés permanencia… ahora empieza a cuestionarse eso. Y el anunciante empieza a pedir otro tipo de densidad a ese vínculo periodístico. Aparece después el otro factor: ¿el modelo de negocios de los medios del siglo XXI tiene que replicar el del siglo XX y tiene que seguir siendo por llegada?. Hay experimentos y proyectos muy, muy saludables y muy buenos, de financiamiento en la producción. Sin ir más lejos, los verificadores son emprendimientos periodísticos que están financiados en la producción y funcionan, y tienen mucho prestigio. Entonces ahí también nos empieza cuestionar y casi te diría es una tercera división de una parte del periodismo, que antes estaba dentro de la redacción porque antes el corrector o el verificador era parte del equipo interno y ahora se terceriza y esos terceros tienen financiamiento de proyectos de organizaciones, de plataformas. Entonces empieza a complejizarse la cuestión de quién paga por la información, que ya no es el consumidor final con su suscripción o con su tiempo que paga el anunciante.

¿Cuál son los cambios en tanto a la especialización con respecto al sistema de información generalista?

— Es muy probable que el sistema se vaya acomodando para este lado, es parte de esta transformación de un modelo masivo que dependía de la escala: cuanto más gente le llega mejor para la supervivencia del medio. Entonces, ¿qué se hacía? La información era generalista porque para llegar tenías que filtrar la información desde el cristal de lo general y de los simple, cuanto más simple más personas, cuanto más general, más personas. Pero en el modelo de suscripción empieza a darse la posibilidad que también brinda lo digital con su hiper personalización en donde vos incluso generás suscripción a partir de parte de tu medio. Hay una parte importantísima de los suscriptores del New York Times que lo hacen por el crucigrama y eso ¿ofende al periodista que tiene recursos para producir notas de fondo que quizás lea menos gente que la que completa el crucigrama? No, lo que muestra es esta nueva diversificación del negocio y que un medio cuanto más canales, más comunidades, también fortalece ese cometido generalista. Los medios del siglo pasado o del siglo XIX todavía no quieren abandonar esa mirada; o sea, se resisten, “yo no quiero ser un diario especializado”. ¿Es posible lo generalista? Y lo que se está viendo es que es posible en la medida que esté apoyado en comunidades o en productos, o en servicios muy, muy específicos para comunidades muy, muy específicas.

En el medio de todo esto, hay dos fenómenos bien marcados en el libro, como las fake news y el periodismo militante

— Creo que se relaciona con lo que hablamos de las comunidades, lo que sí ya se demostró después de cinco largos años en donde apareció el fenómeno de las fake news y la desinformación como alguna novedad es que son un fenómeno de nicho. Existen, pero es una parte íntima del volumen general de lo que pasa en las redes sociales. Creo que el lío en el que nos metimos es que tanto el periodismo como la política empezó a tomar ese nicho por el universo. Y entonces empezó a sospechar que la gente estaba desinformada, que la gente estaba participando en comunidades de odio, que existen, pero que pasa como un poco con los antivacunas: existen pero son una parte ínfima parte de la población y no explican ni el éxito de la vacunación, ni el pequeño porcentaje que todavía no está vacunado. Son fenómenos que existen pero son minoritarios y que quizás se les dio demasiada relevancia. Acá fue como un tiro al pie, porque el problema, desde mi análisis, es la falta de conexión de la gente con las noticias, especialmente en continentes como Latinoamérica, donde una ínfima parte de la población está vinculada activamente con las noticias. Entonces cuando el grupo informado lo único que transmite a lo largo de estos últimos años es que las noticias no son confiables, lo único que hace es ratificar al grupo que está fuera de las noticias que hace bien en quedarse afuera. Entonces lo que vos vas viendo y se ve en estos años es que la mayor cantidad de noticias va decayendo en cuanto a la audiencia. Entonces la pregunta es ¿yo quiero desacreditar la desinformación o ganar confianza en la información? Porque son excluyentes, no puedo gritar que las noticias son falsas y a la vez pretender que la gente gane o dedique tiempo o esfuerzo, económico o no, en suscribirse a un medio. Si yo me paso desde el poder diciendo que todo es desinformación, que todo es falso, entonces ahí lo que ves es ese corrimiento a redes más personales en donde ante la sospecha de que todo es falso terminás encerrándote en un grupo de personas o de referentes de confianza a partir de los cuales obtener la información. Y acá aparece otro gran fenómeno en este tiempo y es que ya la información no viene desde un título. La gente raramente entra a un portal a revisar toda la información disponible; la gente entra a los portales por recomendaciones de otros, porque lo vio publicado en el Facebook de la tía, porque el compañero de trabajo se lo mandó a la mañana por el whatsapp. Es decir, empieza a ver como una dieta más omnívora de información, que es saludable. Y lo ves en los grupos de los millennials y posteriores que consumen más información que los baby boomers, muchísima más, y se vio en la pandemia en donde además de consumir más información tenían una dieta informativa mucho más compleja, donde no había una fuente única, había multiplataforma. Incluso hay datos que muestran que los millennials leen más noticias de los periódicos que los baby boomers, pero no las leen en exclusiva. Entonces esta idea de que vos entrás y sos suscriptor de un medio, que sos fanático de un medio, empieza a deshilacharse por esta diversidad de información que también desmiente esta otra cosa de la burbuja informativa. Hoy tenés más posibilidades de exponerte a una noticia de un medio que jamás comprarías que cuando recibías en tu casa un periódico por suscripción.

¿Y qué sucede con el periodismo militante?

— La audiencia elige sus referentes por afinidad. Exceptuando a algún analista o a alguna persona que tiene vocación por sentirse mal, nadie se expone a noticias que le digan que uno vive equivocado. En los mensajes habituales de la radio es “señor periodista es lo que yo siempre digo” Uno se rodea de la gente de afinidad, la misma biblioteca de uno son autores de afinidad. Uno no llenaría su biblioteca de libros de temas que no le interesa. Entonces creo que la militancia se ha convertido en este periodismo de nicho, pero el problema es la identidad del propio medio; o sea que se vende como que vende información plural, pero es un problema de identidad del medio. Además se expresa en que suelen ser medios de muy acotada audiencia. Ahí tenés también otro caso de periodismo mutante, pues son medios que son pagos por el interesado, no son pagos por los públicos, que siempre son pocos. Entonces es un periodismo de propaganda, un periodismo de marca política. Y es un periodismo orientado hacia la fuente financiadora que es legítima y que es más evidente de lo que se supone, y la gente se da cuenta más de lo que se supone. Obviamente es un periodismo de intereses y por lo tanto no responde a los criterios de verificabilidad, de pluralidad, de interés público que hacen a la calidad del periodismo.

En un momento del libro hacés referencia al machine learning y cómo lo están utilizando todavía pocos medios, pero medios importantes que se encuentran a la vanguardia y que terminan, de alguna manera, “contagiando” a otros medios que los siguen como ejemplo. ¿Considerás que es una dirección posible?

— Lo que pone en evidencia la inteligencia artificial es que mucho periodismo hacía tareas rutinarias, que no tiene mucho valor. Un periodismo que diga todos los días “ganó tal partido, empató el otro”, cuando un motor de inteligencia artificial puede poner los resultados en línea con mucho menor margen de error que una persona que los está transcribiendo, que tiene que estar prestando atención al resultado de todos los partidos. Es decir hay tareas rutinarias que el periodismo puedes simplificar desde la inteligencia artificial y de nuevo este nuevo entorno plantea desafíos: es “ok, yo te saco los rutinario, ¿estás preparado para dar un valor agregado a esa información?” ¿Qué pasa con el pronóstico del tiempo cuando toda la gente tiene una aplicación del tiempo de su teléfono? Hay que darle una vuelta, convertirlo en un espectáculo, hay que poner la imágenes, hay que ponerle testimonio. Y hoy es uno de los periodismos que más hace este diálogo con las audiencias. Casi todos los servicios meteorológicos te piden que si hay una tormenta mandes la granizada, que cuentes cómo está el amanecer en tu pueblo. Ahí tenés una reinvención del periodismo frente al avance de lo automático en el reporte meteorológico. En España por ejemplo, el reporte meteorológico de las 3 de la tarde es el gran programa nacional y es un lugar jerarquizado y está bueno, pero no es “está lloviendo en Baleares”, hay que decir algo más.

Después en otro momento, reflexionas sobre la construcción de la cultura gamer aplicado al periodismo, ¿de qué se trata?

— Es lo más fascinante de estos tiempos. En Latinoamérica, que somos un continente joven, la mitad de la población tiene menos de 30 años y eso significa que nació y se crió con tecnologías interactivas, con videojuegos. Y la actitud del gamer no es igual a la del espectador, las generaciones de más de 40 pasaron buena parte de su infancia sentados mirando dibujitos, el gamer es parte de esos dibujitos, interactúa con esos dibujitos con los que juega. Eso hace una cultura muy diferente frente a la pantalla, entonces no podemos esperar que del otro lado, sobre todo en los grupos más jóvenes haya un ser pasivo esperando a ver algo, se impone la interactividad, la interacción, la participación. Cuando vos hacés preguntas es impresionante cómo vuelve la respuesta aunque sea de una red minúscula. Trabajo con dos periodistas que son muy populosos en las redes, mosquitamuerta y el otro es Osvaldo Bazán. El otro día Osvaldo pidió que le manden una foto del arbolito y fue impresionante. No solamente la respuesta de los arbolitos, sino que de haber tenido yo tiempo hubiera hecho un perfil sociológico de la Argentina a partir de las fotos de los arbolitos. Pero ahí hay un juego, hay un juego que convoca al otro. ¿Por qué los medios abandonaron eso? De hecho existen todavía programas de radio que hacen un juego de una consigna. ¿Por qué no lo usamos más digitalmente, no? Porque incluso la verificación de la noticia no se hace como un juego en lugar de como una sanción de un tribunal de disciplina. Muchos medios tienen sistemas de corrección muy participativos en donde además agradecen a quien aportó el dato, lo convocan, generan incluso nuevas notas periodísticas a partir de algunos datos que convoca la audiencia. Entonces la audiencia deja de ser ese energúmeno indignado diciendo “se equivocó, no puedo dejarlos solos y no saben escribir”. Dicen “soy parte de esta noticia. Entonces si hay algo mal, yo también tengo que ver”. Entonces la cultura gamer, lo que hace es equiparar, el videojuego no es nada si no hay jugadores jugando y ahí hay un error del periodismo que cree que es imprescindible, que puso y ya está y que la nota que publicó es el producto terminado, cuando en realidad uno debería pensar la nota publicada como una parte de una larga cadena que recién empieza, cuando se pone en colaboración con las audiencias.

En ese sentido, medios como The Guardian construyen noticias a partir de los Tweets de sus periodistas, a los que luego van sumando información, una práctica que en la región no resulta común.

— Incluso te agrego, muchos medios publican los tweets de los funcionarios, pero todos sabemos que lo más interesante de esos tweets son las respuestas que reciben. Lo interesante es lo que empieza a pasar abajo, si la mayoría les dice “bravo”, si la mayoría les contesta con un meme; o sea, si vos solo incluyeras esta conversación en la nota sería una nota con mucho más interés. De hecho se hace cuando se dice “cuál es el meme del año”, ¿no? Y ponen los memes o pasó tal cosa y estallaron los memes, que es un clásico ya. Bueno, ahí empieza, pero todavía como un fenómeno ajeno, un fenómeno de las redes cuando en realidad es parte de esta conversación que involucra el periodismo. Entonces no se suma ni el periodismo ni la política como parte de esa conversación, todavía siguen con cierta idea de que la exclusividad y la primicia son valores, cuando en redes sociales cuando ponés una cosa ya es del pueblo, tu primicia dura un segundo, no existe.

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